Amparo Janaridenda: El fin de una era

El pasado sábado me acerqué a realizar un reportaje agridulce. La parte dulce la aportó Amparo Olazabal, que lleva atendiendo su pequeña tienda de comestibles desde los 16 años y que hoy mismo cierra sus puertas para conseguir una merecidísima jubilación después de casi 50 años de trabajo.

La tienda de Amparo es de esas que ya no quedan, de las de antes, con esa cercanía, humildad y con precios escritos a mano. Esas tiendas que marcan tu vida, Amparo nos contaba que había aitas que se acercaban con sus hijos para comprarles el bocadillo y podían decirles con orgullo que “Amparo también le preparaba el bocata al aita”. Esta misma mujer que ha visto pasar varias generaciones por su mostrador nos contaba que empezó a trabajar con 16 años en la tienda, y que 9 años después al querer dejarla la entonces dueña, ella fue quien se hizo cargo, y hasta hoy! Gran parte de la vida de Amparo y su familia ha transcurrido en esta tienda. En ella tiene un gran recuerdo para su madre, cuya foto recibe a los visitantes en la puerta y también para su abuela, Florentxi, mientras nos hablaba de ella sus ojos se llenaban de lágrimas de emoción.

En el par de horas que pasé con ella realizando este reportaje, multitud de personas se acercaron hasta el establecimiento para despedirse, fue un no parar. Además también se acercó Milagros, Amparo tenía la ilusión de hacerse una foto con ella y con su marido, aquellos que la han ayudado siempre que por un motivo u otro ha tenido que ausentarse de la tienda. “¡Nunca por nada serio! ¡Esperemos que siga así!” nos decía Amparo, que aunque cierra las puertas de su negocio no deja Santa María Magdalena: “El segundo piso justo encima de la tienda está en venta, así que mucha gente se piensa que también me voy a vivir a otro sitio, ¡pero es que yo vivo en el número 2 y no en el 4! ¡Que estén tranquilos, que todavía me queda mucha guerra que dar por aquí!”.

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One Comment

  1. Que sorpresa! No sabía que Amparo se jubilada y cerraba la tienda, desde luego que tiene merecido el descanso.! He pasado mi infancia haciendo los recados en Amparo después del colegio, mi madre me preparaba la lista y yo iba corriendo con una bolsa más grande que yo. Tengo un recuerdo muy grato de Amparo, el de una buena mujer siempre dispuesta a ayudar y siempre recibiendome con un cariñoso “Kaixo guapa”. Tampoco me olvido de sus pastitas… je.je….

    Gracias por éste homenaje/reportaje tan bonito.

    Idoia Lekuona

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